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Se equivoca Castellanos al promover una campaña de odio en contra de sus regidores

Walter Rincón Rovelo/Trascender Online Opinión

Se equivoca de nuevo el señor Luis Fernando Castellanos Cal y Mayor cuando promueve un linchamiento político mediático en contra de ocho regidores del cabildo de Tuxtla Gutiérrez por el hecho de no compartir su forma pedestre de administrar la ciudad capital.

Se equivoca el ahijado político de Manuel Velasco Coello al enviar a sus testaferros para que incentiven entre los tuxtlecos una campaña de odio, encono, de animadversión en contra de estos personajes a quienes intenta frágilmente responsabilizar de lo que sucede en la Meseta de Copoya, y ahora por la cancelación de la construcción de la línea de conducción de agua para el sur de la ciudad.

Se equivoca el presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez más cuestionado por el presunto fraude electoral del 2015, al desatar una vendetta política en contra de Victoria Isabel Rincón Carrillo,  María Mandiola Totoricaguena, Beatriz Tovilla, Jovanni Maricela Ibarra, Ada Luisa Velásquez, Gabriel León Cruz, Silverio Almazán y José Javier Morán Aramoni.

Se equivoca el edil viajero al intentar sembrar la semilla del odio, cuando los tuxtlecos y chiapanecos requerimos hoy más que nunca un auténtico liderazgo natural capaz de sumar voluntades, de encontrar en las desavenencias coincidencias, de ser estandarte de la tolerancia.

Y digo se equivoca Castellanos Cal y Mayor porque se le olvidó que, como primera autoridad en Tuxtla Gutiérrez debe primero aparentarlo y después demostrar que está preparado para enfrentar los retos y los problemas de la ciudad, y no andar salpicando su falta de habilidades y capacidades, signo inequívoco de que le quedó muy grande el cargo.

Ahora entiendo como un presidente municipal de la estatura política de Castellanos busca en la revancha someter a su propio ayuntamiento, malbaratando y faltando el respeto a su envestidura, cuando debería ser el primero en promover la concordia, de trabajar en equipo, pero sobre todo, utilizar la fuerza de la razón para convencer y no la razón de la fuerza, como lo hace ahora a través de sus francotiradores en las redes sociales y en los medios de comunicación tradicionales.

Pese a que Castellanos está acostumbrado a resolver sus problemas por la vía del golpeteo, hoy los ocho regidores del cabildo tuxtleco dieron una muestra de tolerancia, de no bajarse a su nivel, de pedir las cosas llamándolas por su nombre, de esgrimir una defensa civilizada, de solicitar que se reponga el procedimiento de la sesión de cabildo del 21 de diciembre, para que ahora se realice conforme a procedimiento y de frente a la opinión pública.

Y es que, en esa sesión que fue transmitida en vivo por la plataforma del ayuntamiento se pudo apreciar como por la vía del fast track los regidores afines al presidente municipal aprobaron la carta urbana de Tuxtla Gutiérrez, sin siquiera poner a consideración el texto completo a todos los asistentes con derecho a voz y voto. Con sigilo descarado, el edil hizo y deshizo el tema a tratar, ocultando el cambio de uso de suelo de 8.9 hectáreas de reserva ecológica de la Meseta de Copoya a uso habitacional.

Si los ocho regidores que votaron en contra, no lo hubiesen hecho, habrían firmado un cheque en blanco con los costos políticos y ecológicos bajo sus hombros.

Hoy, esos regidores aceptan que la carta urbana puede tener buenas intenciones, pero obligadamente piden que al menos les pasen el texto completo para analizarlo con ecologistas y expertos en la materia. Aquí valdría preguntar, ¿por qué Castellanos se opone a transparentar este documento?, ¿qué más oculta?, ¿acaso quiere seguir los pasos de su eterno líder vitalicio de su partido, el Verde Ecologista, Emilio González Martínez quien aceptó dos millones de dólares por tramitar permisos para construir proyectos turísticos en una reserva ecológica de Cancún?

Con esa repulsa que estimula Castellanos en contra de quienes, por su reducida mente piensa que son sus adversarios, tarde que temprano deberá asumir los costos y facturas políticas, de cara a la ya de por si caída estrepitosa en la aceptación popular de su gobierno. Al tiempo.

 

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