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A los piñateros de Tapachula les fue mal en el cierre de año

Karla Solís/Trascender Online Noticias

La venta de la tradicional piñata de picos que se acostumbra romper para recibir el año nuevo, se vio mermada por distintos acontecimientos, primeramente la difícil situación económica que atraviesa el país y posterior las afectaciones que provocó los sismos de junio y septiembre de este 2017.
En distintos puntos de la ciudad los negocios dedicados a la venta de piñatas adornan las calles y banquetas ofertando las mismas que van desde los 100 hasta 200 pesos; depende de la posibilidad de cada familia así será el tamaño que adquirirá.
Carlos Lara quien tiene su negocio en la quinta sur, esquina con octava oriente refiere que desde hace muchos años se ha dedicado al oficio de las piñatas sin embargo no se había resentido de las bajas ventas como en la actualidad.
Aunque este no es el oficio permanente comenta, que aprovecha la temporada navideña para realizar a mano lo que podría denominarse como una artesanía de papel, mismas que todas las personas que pasan por el rumbo quieren tomarle fotos.
“Se trata de hacer bonitas y llamativas las piñatas, especialmente las navideñas para que la gente que pasa por este negocio se detenga para adquirir una y con ello que las tradiciones perduren siempre a pesar de las adversidades”, expresó.
PIÑATA DE PICOS
La piñata es el diablo y sus picos los 7 pecados capitales. Pasa un niño con los ojos vendados y su palo es la Fé ciega e inquebrantable, listo para vencer al diablo, que es romper la piñata. El contenido de la piñata son todas las bienaventuranzas que se ganan al vencer el diablo.
La de 12 picos; la piñata es el año viejo y los picos serán sus doce meses según menciona el artista Castro Pérez.
En realidad la piñata no tiene un origen mexicano, sino chino. En China se confeccionaban figuras de animales cubiertas con papeles de colores rellenas de semillas y se les golpeaba con varas de colores.
Gracias a Marco Polo llega esta costumbre a Europa en el siglo XII, donde se le llama la “pignata”. Aquí adquiere su propia simbología: representa la vanidad, la venda en los ojos la fe y el palo la virtud que vence el mal.
De Italia pasa a España y los conquistadores la traen consigo al Nuevo Mundo. Los catequistas aprovecharon esta costumbre depurándola y adornándola con símbolos bíblicos como la lira de David, la estrella de Belén o la rosa de Jericó, todo con vistosos colores.

 

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