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De Emilio Salazar y cosas peores

Walter Rincón Rovelo/Trascender Online Opinión

El diputado federal por Tuxtla Gutiérrez, Emilio Salazar Farías se ha caracterizado por brincar de partido en partido para no quedarse fuera del presupuesto, pero principalmente para seguir traficando influencias que le reditúen jugosas ganancias económicas al amparo de la ley; los ejemplos son muchos, sus gasolineras, una de ellas pone en peligro la vida de miles de estudiantes del CEBECH en la capital chiapaneca y el despojo a la malageña que les hizo a sus parientes, del Instituto de Estudios Superiores de Chiapas “Salazar Narváez”.

Salazar Farías inició su carrera política en el PRI, pero cuando el partidazo tuvo que desalojar Los Pinos allá en la ciudad de México, luego de una derrota aplastante que le propinó Vicente Fox Quesada, de inmediato se enlistó en las filas de Acción Nacional y se erigió como panista de hueso colorado, sin siquiera haber leído los principios y doctrina del blanquiazul.

En la debacle panista, cuando Felipe Calderón no tuvo más remedio que devolverle Los Pinos al PRI de Enrique Peña Nieto, astutamente Emilio Salazar decidió abandonar el PAN para brincar al Partido Verde Ecologista de México (PVEM), en donde vio un caudal de oportunidades para hacer crecer sus negocios bajo el resguardo de una ley torcida a conveniencia, emulando a Jorge Emilio González, aquel vitalicio líder verdeecologista que tiene en su cuenta personal intentar “vender” en dos millones de dólares una parte del corredor turístico de Cancún, Quintana Roo para la creación de hoteles, transacción que fue videograbada, con lo cual quedó sepultada la integridad de este personaje.

Pero aparte de ser un político chapulín, Emilio Salazar es un sujeto acostumbrado a llenar su ambición de poder a costa de la traición, si es necesario. Basta recordar cómo se arrastraba ante el virrey Juan Sabines Guerrero, para conseguir favores “especiales” que sólo el poder político puede lograr por encima de la ley.

Emilio Salazar gozaba de la indulgencia del ex mandatario chiapaneco, fue su fiel escudero, al grado de que llegó a amenazar a su compañera diputada de la 65 Legislatura, Alejandra Soriano, por andar exigiendo cuentas claras a Sabines.

Pero el amor que le profirió Salazar a su ex jefe se terminó desde el primer minuto que concluyó el sabinato.

Comparto un fragmento del discurso de Emilio Salazar que leyó como diputado federal del PVEM:

Un ejemplo del pasado y lo que no debe ser; una buena idea, una mala ejecución y seguramente grandes dosis de corrupción o irresponsabilidad fueron las Ciudades Rurales; eran una gran idea: darle a la gente mejores y más dignas condiciones de vida, calles amplias, casas formales, sentido de comunidad y sobre todo hacerlas auto sustentables a través de diversas fábricas y negocios…

La realidad es que fue un terreno con pésima orografía, quien sabe bajo que lineamientos comprados, todas las fábricas y negocios proyectados sin forma de operar, por lo tanto cerrados sin futuro ni sustentabilidad alguna.

La infraestructura de pésima calidad y con evidentes muestras de negligencia; cientos o miles de millones de pesos malgastados por la anterior administración, en conclusión, la suma de los excesos que mi Chiapas, Chiapas, Chiapas, vio en algún momento y que no deberían repetirse jamás.

Así o más traicionero. Vale recordar que el sello del gobierno de Sabines fue precisamente las Ciudades Rurales.

Fiel a su astucia de abandonar el barco cuando está a punto de hundirse, no dudamos ni por un segundo que esa misma suerte correrá el gobernador en turno de Chiapas, Manuel Velasco Coello, quien por ahora es su “amigo” y aliado partidista, pero mañana será su peor inquisidor. Al tiempo.

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